Acoso

¿Y si empezamos a responsabilizarnos?

Me gustaría decir que los ejemplos que expondré en el artículo ocurren de manera esporádica, que son solo salidas de tono de un momento puntual que, aún condenables, se atajan efectiva y rápidamente. La realidad es que, a menudo, la problemática que trataré se convierte hasta en una tradición de ciertos individuos que se empeñan en mantenerla como un legado que nos impide avanzar como sociedad e individuos. Incluso algo que se normaliza y se apoya en ciertos espacios donde sus integrantes llegan a justificar el comportamiento de sus compañeros o el suyo propio. Un círculo vicioso que no deja de poner palos en las ruedas a quienes quieren un sector sano e implicado que enmiende sus errores de una vez por todas.

Poniéndonos en situación, hace un par de semanas surgió, de nuevo, una polémica a raíz de la presencia de Gaming Ladies en la Madrid Gaming Experience que tuvo lugar del 27 al 29 de octubre. La asociación, encabezada por profesionales del sector de los videojuegos, pretende dar cabida a eventos para mujeres cis y transgénero que requieran de un lugar seguro para compartir experiencias, situaciones y preocupaciones, y tratar temas del ámbito del videojuego tanto a nivel de ocio como profesional. La puesta en marcha del proyecto ha requerido de un esfuerzo por partida doble, ya que al trabajo que ha supuesto para las responsables se une la lapidación que las mujeres sufren si alzan la voz y de la que se trató en otro artículo de opinión con el revuelo de la iniciativa de Todas Gamers.

No es el primer caso, ni mucho menos, ya que, como bien ilustra su creadora, Marina Amores (también conocida como Blissy) en sus tuits, ha llegado hasta a recibir amenazas. Y no es la única. Otras mujeres vinculadas al ámbito de los videojuegos lo sufren constantemente y algunas incluso han llegado a cesar su actividad debido a ello y a la falta de oportunidades dentro de un sector que sigue siendo predominantemente masculino y, por qué no decirlo, machista. En esta ocasión el que Gaming Ladies realizase un evento abierto a todo el público, el Retro Gaming Ladies, con ponencias y en un evento público conmocionó a ese sector que lleva arrastrando su resquemor en supuestos hilos de opinión:

Mensaje tras mensaje, los usuarios no dudaron en cruzar cualquier línea y protagonizaron conversaciones bochornosas y llenas de odio. Una situación lamentable, intolerable y hasta penada por la ley que sigue sucediendo en este mismo momento, con otros nombres y hacia otras personas y causas, pero a diario, como si estuviese justificado el “todo vale” en Internet por defender (¿defender?) una posición ante lo que otros realizan y piensan. De este modo creen que es aceptable invalidar argumentos no a través del debate sino del ataque hacia una persona y el posterior linchamiento en las redes.

Una de las muchas conductas nocivas que siguen navegando, haciendo desmerecer a otros a través de palabras escritas en un teclado, las faltas de respeto y hasta las amenazas. En definitiva, personas que creen que la violencia, sea verbal o física(recordemos la polémica que hubo en la segunda edición de Gaming Ladies), tiene cabida y está justificada¿Dónde? Pues en ciertos foros y espacios en los que se sigue la senda de validar cualquier método con tal de responder ante aquello que no gusta o incomoda. Una respuesta primitiva de parte de sus usuarios y que encuentran su lugar entre semejantes que, valiéndose de plataformas y perfiles sociales más o menos anónimos, llegan a los siguientes extremos sin despeinarse ni arrepentirse:

Las respuestas, por desgracia, nos suelen conducir a lugares conocidos por los usuarios por su mala fama o, si más no, por sus métodos dudosos. Uno de ellos, NeoGAF, ya ha sido protagonista hace poco de un escándalo lamentable, por poner un ejemplo de los muchos que en el último mes han dado para noticias verdaderamente deplorables. Si profundizamos aún más en cada una de las polémicas, en especial en aquellas en que son los propios usuarios los que demuestran un comportamiento negativo, veremos que hay un problema social subyacente que, a mi parecer, es nuestra tolerancia ante ello. Es decir, sin saber cómo, vemos normal etiquetar a ciertos foros y webs como las innombrables y, encima, damos por hecho que en ellos no hay leyes ni quienes las impongan.

No nos sorprende que ese sitio, en esa plataforma, sucedan diariamente actos abusivos e inadmisibles. Los hemos normalizado y podemos o no participar de ellos. La cuestión, llegados a este punto es que acontecen de manera cotidiana. Es decir, al final parece que nada ni nadie les para los pies. ¿Por qué? Es la cuestión central. ¿Por qué se permiten estas actitudes si estamos ante comunidades que ostentan una normativa? Y, en el eje de ello, ¿por qué, en el siglo en el que estamos, aún hay individuos (un porcentaje elevado de ellos, por cierto), que frecuenta e incluso participan de ello? Dejando de lado estudios sociológicos y filosóficos, la respuesta más contundente y resumida sería: porque pueden y pocos se lo impiden.

Volviendo al ejemplo del artículo, le polémica de la presencia de Gaming Ladies en la feria de videojuegos de Madrid hizo saltar las alarmas en las redes sociales y se volvió viral. Todo sucedió en una web famosa, con nombre, dentro de la comunidad de videojuegos, en que su respuesta fue cerrar las discusiones al cabo de unas cuantas horas de estar activos. Solución temporal que permitió a algunos usuarios abrir hilos nuevos cada vez más altos en la escala de las injurias, a cada cual más hiriente. Todo ello ante la indefensión de una víctima, o víctimas, que muchas veces ve como un sector la apoya, pero no el conjunto de la sociedad.

No hubo amonestaciones, no se baneó a usuarios ni tampoco se pudo defender una normativa porque la dirección comunicó que no tiene permiso para moderar su foro. Una cuestión peliaguda que, por el momento, no se ha solucionado y que habla por si sola de la gran problemática que se establece cuando nada ni nadie hace valer un mínimo. Un código que, aunque creamos que está asumido, parece que muchos y muchas lo olvidan una vez se plantan ante sus pantallas. Si estamos seguros de que en una sociedad deben haber límites y normas, si estamos luchando por un cambio real, ¿por qué no se hace lo mismo en un medio tan concurrido? ¿O es que no es su deber actuar contra ello para crear así crear una comunidad positiva?

Otra cuestión terrible es hasta dónde llegará que tal o cuál página sea conocida por sus escarceos con otras, en las que sus usuarios dicen y hacen cuanto quieren a expensas de convertirse no ya en el troll adorable de Internet, sino en seres nocivos. Y es que otra vez la situación tampoco transcendió lo suficiente, no al menos al nivel en el que se toman medidas presentes y futuras. Así, la conclusión a la que de nuevo llegamos es que estamos ante espacios que, además, forman parte de la comunidad de videojuegos actual con una popularidad importante a sus espaldas. Ergo, estamos ante una situación que afecta doblemente a la sociedad: por un lado por su implicación en el sector y, por el otro, por su indiferencia ante conductas que se repiten en los espacios destinados a los usuarios.

Podría hablar largo y tendido de las muchas justificaciones que se leyeron entre insultos y amenazas, debatir acerca de ellas, pero la realidad es que cuando un comportamiento se basa en faltar al respeto o, peor, en argumentar el motivo de la falta, no hay diálogo posible. Solo una persona, por decirlo de algún modo, que ostenta una clara conducta dedicada a hacer daño a los otros. Una de las actitudes enquistadas que aún vivimos en el mundo virtual y que se repite en un ciclo que cada vez cuesta más de romper. Aunque no participemos directamente de ello, sí lo hacemos si somos incapaces de actuar y dejamos que sean otros los que lo hagan, siguiendo con el ciclo en silencio, esperando que quizás otros lo solucionen.

Para acabar con esta costumbre y dar soluciones viables se requiere de la fuerza de toda la comunidad. De decir basta juntos y no tolerar ni un abuso, ni un insulto, ni una amenaza, ni un acoso, ni cualquier comportamiento inadecuado, irrespetuoso y dañino. Si se permiten, en un foro, en una comunidad, en una sociedad, nos afecta a todos, nos implica a todos, porque nuestra es la responsabilidad de señalar con el dedo y condenar cada uno de esos actos. No vale con que solo unos se alcen, requiere del compromiso de todos los usuarios y responsables y requiere de la conciencia y de la reflexión de actitudes propias y ajenas.

Al final es algo tan simple como responsabilizarnos. Ya sea dando voz, apoyando, denunciando, colaborando, analizando y aportando soluciones, y, ante todo, limpiando nuestra colectividad de aquello que no queremos para nosotros ni para quienes queremos. Esa respuesta es la más efectiva. Decir no. Porque no queremos una comunidad así ni unos usuarios de ese calibre. Queremos avanzar y para conseguirlo es necesario implicarse y aunar esfuerzos.Solo así conseguiremos acabar con cualquier muestra de intolerancia y violencia.

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