World of Horror

World of Horror y la furia de los dioses

Una noche alrededor de una hoguera o en una habitación oscura para contar un cuento de terror que no nos deje dormir y un cúmulo de emociones tan intensas que estimulen todos nuestros sentidos a gran escala. Los miedos y leyendas de Occidente siempre han despertado una gran fascinación en torno a nuestra sociedad. La brujería, los fantasmas, el conde Drácula, el monstruo de Frankenstein… Muchos de estos arquetipos fluyen a nuestro alrededor, bañan todo nuestro ambiente y forman parte de nuestras raíces culturales. Hacen que se paralicen nuestro presente y nuestro futuro.

Sin embargo, el terror japonés siempre ha apostado por otros derroteros. Estas historias han estado llenas de personajes que en el pasado fueron torturados o cuyas vidas acaban de formas que no podríamos siquiera imaginar. Pobres almas atormentadas que crees que poder ayudar, pero que siempre acaban con los más inocentes. Su sufrimiento no distingue amigo de enemigo, solo a aquellos que tienen la desgracia de cruzarse en su camino, proyectando unas emociones negativas tan fuertes que terminan causando un enorme daño. Ahora, forman parte del imaginario colectivo de miles de personas ávidas por conocer nuevas y terroríficas historias.

Arqueólogos y maestros del terror

No hace tantos años que el fenómeno Junji Ito comenzó a expandirse por nuestro país gracias a la publicación continua de todas sus obras. Un fenómeno que sigue imperante a día de hoy y cuya importancia ha posibilitado que otros autores menos conocidos también hayan desatado una nueva cadena de terror. Pero, ¿qué hace tan especial la pluma del artista nipón? Cada una de sus historias parte de un punto de llegada y nunca de partida, una simplicidad en la búsqueda de ese núcleo puro y esencial que toda cosa contiene en sí misma, ya sea algo un gesto, una palabra o una imagen. Sin embargo, conforme va avanzando la trama, esta se va retorciendo como una especie de virus, mutando a marchas forzadas, haciéndose mucho más infecciosa y causando finalmente una pandemia que pone de manifiesto los límites psicológicos del ser humano. Aquí se masca la tragedia.

Ese es el terror que la gente de Panstasz ha impreso, a golpe de Microsoft Paint, a este World of Horror. Porque desde que arrancamos a vivir una nueva historia en la ciudad de Shiokawa, descubrimos que está siendo víctima de situaciones sobrenaturales. Situaciones que a su vez beben del mundo imaginario de H.P. Lovecraft, pues ambas podrían considerarse como partes indivisibles del terror cósmico desde tiempos inmemoriales. Los Antiguos, también llamados dioses primigenios, son deidades con nombres impronunciables que acosan el planeta, aquellos cuya sola visión tiende a causar la locura o la muerte, y que ahora han despertado para extender todos los horrores que podamos imaginar.

Hacer frente a un mal compuesto a base de criaturas grotescas y fantasmas deformes cual novela detectivesca es tan complejo como difícil. Y tiene sentido, ya que el terror de World of Horror no solo tiene como máxima contarnos una historia y servir como una herramienta para con su ambientación. Dicho horror está grabado en cada una de sus mecánicas, pues, dependiendo de las acciones que llevemos a cabo, nuestra salud y cordura estará en peligro. Y cuando nuestra cordura llegue a su fin, moriremos. De hecho, la muerte es una constante en el juego de Panstasz; casi una necesidad en aras de correr el velo y descubrir qué hay más allá.

La falsa normalidad de Shiokawa

En una imagen digital en blanco y negro de 1 bit, cada píxel puede tener hasta 2 valores: blanco o negro absoluto. Por un lado, el color blanco transmite una imagen de bondad, pureza e inocencia; es el símbolo del comienzo. El negro, por su parte, lo vinculamos con lo desconocido, lo aterrador, lo oscuro e incluso lo maligno. Es un color asociado a lo que nos da miedo y a lo que no podemos ver. Se relaciona también con la soledad, el sufrimiento, la mentira y el ocultamiento. Y aunque World of Horror se ampara en esta dualidad para así dar forma a un mundo donde el mal campa a sus anchas, también hace muchos esfuerzos por ir más allá.

Nosotros, como jugadores, encarnamos a diferentes personajes con el fin de resolver varios casos paranormales de la ciudad de Shiokawa. Quizá eso debiese bastar para que pudiéramos encarnar el color de la relajación por excelencia, aquel que inspira pureza y limpieza. Aquel que ayuda en esta lucha contra la impureza que se quiere normalizar. Pero lo cierto es que todo esto es una falsa normalidad. Basta con que exploremos un poco para descubrir que incluso las partes protagónicas no muestran una reacción sorpresiva y exagerada ante los distintos monstruos que nos encontramos. Es más, parecen estar acostumbrados. Sí, tal vez se alarmen, pero tampoco en demasía; no es la reacción que uno cabría esperar ante una circunstancia de esta índole, sobre todo si fuéramos nosotros los que nos encontrásemos en una situación similar.

La persistencia del terror

Es la muestra fehaciente de que los protagonistas están tan corrompidos como la propia ciudad en la que residen. Tanto es así que les basta con una pequeña ducha para ahogar las penas a la luz de un nuevo sol y así estar preparados para llevar a cabo una nueva investigación. Pero, en el fondo, somos conscientes de que el horror que acabamos de contemplar no ha ralentizado el frío y las náuseas causadas. Es más, gran parte de ese horror no ha desaparecido a nuestros ojos. Persiste como aquello que no se agota, que no cesa, que existe todavía, que prosigue. Es la idea misma de la persistencia.

Así pues, no debemos temer a los monstruos que hay debajo de la cama, sino aquellos que nosotros creamos para combatirlos. A veces, ese monstruo somos nosotros mismos, nuestras esperanzas y temores. Y, como las historias, estos pueden ser infinitos. Con esto quiero decir que hay mucho potencial en World of Horror, así como elementos suficientes para extender la oscuridad, reina solitaria de cada rincón. Temed, porque es posible que en los próximos meses la oscuridad termine cubriendo nuestra piel y opacando el brillo de nuestros ojos, si es que aún queda algo por oscurecer.

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