Trópico 6

Tropico 6: Bienvenidos al paraíso tropical

La política es un tema que está de moda estos días, y más cuando en España nos preparamos para unas elecciones generales que estoy seguro darán mucho de qué hablar, tanto en el panorama nacional como el internacional. Vivimos en tiempos muy turbulentos, con el auge por todo el globo de partidos de ideología radical, con líderes más centrados en el debate en las redes sociales que en propuestas reales que solventen los problemas a los que se enfrenta su país. Ese nuevo concepto de llevar el debate a redes, donde los usuarios de todo el mundo pueden interactuar, es el nuevo método de propaganda efectista que consigue justamente lo que quiere: atraer al público que está a tu favor y silenciar a aquellos que se muestran disidentes.

En todo este proceso, el público únicamente actúa como ganado, guiado por los pastores ideológicos que nos llevan en la dirección que quieren que vayamos. Somos meros números, importantes, pues decidimos el destino de una nación, pero maleables e influenciables. No he visto producto alguno que lleve esta idea tan al límite como lo hace el videojuego que hoy nos ocupa: Tropico 6.

Trópico 6
La incorporación de diversas islas es una de las novedades de este título

Estamos ante un título que me ha hecho reír mucho con sus constantes alusiones a la sociedad política actual y a las facciones que la conforman, pero también me ha servido para ver reflejada la realidad: la política es un juego de poder, donde se forjan alianzas y se crean enemistades peligrosas, y en donde se nos tentará con riquezas y privilegios haciendo completamente verídica la célebre frase del rey vikingo Ragnar Lodbrok “el poder atrae a los peores y corrompe a los mejores”. Podemos ser el líder que siempre hemos pensado para nuestra nación, un ser bondadoso, que prioriza el bienestar de sus ciudadanos, que no roba dinero público, que permite el voto universal, que castiga a los delincuentes y recompensa al trabajador honrado que se levanta todos los días para que la maquinaria funcione, o bien ser ese gran dictador que únicamente permite el voto a las élites económicas, que configura un gobierno militarista, que no se preocupa por la contaminación o que cancela las elecciones (o las manipula a su favor) que se celebran cada diez años.

Resulta sumamente curioso cómo todos estos factores reflejan lo fácil que es incumplir una promesa electoral y las triquiñuelas legales que se podrían aplicar para destruir todo estado de derecho. Cuando la sátira, que debería hacernos reír de una situación pasada y absurda, se convierte en el fiel reflejo de una realidad que sufren muchos países, sabes que algo no anda bien. Prueba de ellos es la prohibición del anterior juego de la saga Tropico 5 en Tailandia porque, según el Gobierno, es “peligroso para la seguridad nacional”. Ese país pasa por una situación complicada, ya que el gobierno de la nación se encuentra bajo una gran represión militar desde 2014, y es algo que podría ser perfectamente una de las partidas que disfrutamos en el videojuego.

Lo primero que veremos al entrar a Tropico 6, además de su ambiente desenfadado y su música de toque caribeño, es lapersonalización tanto el presidente como del palacio donde habitamos, al mismo tiempo que elegimos el rasgo del personaje que otorga bonos a diferentes efectos: podremos ser un presidente corrupto, por lo que los pagos a la cuenta de Suiza (me recuerda a cierto partido español) aumentan un 5%; ser un pirómano que aumenta la probabilidad de que se produzcan incendios y la efectividad del equipo de bomberos; o un adicto al trabajo, entre otros cuantos más.

Trópico 6

Una vez creado nuestro amo y señor de la isla, podremos seleccionar diferentes modos de juego. Primero de todo, es aconsejable que, para aprender las mecánicas, empleemos el extenso tutorial en el cual nuestro fiel amigo Penúltimo nos hará de guía mientras completamos una serie de objetivos. Una vez finiquitado el aprendizaje, nos lanzarnos a las misiones de que constituyen la historia, pero ésta sólo es una excusa para realizar una serie de objetivos y completar el tutorial, ya que no existe una trama como tal. Por último, tenemos el modo multijugador donde nos darán las herramientas para crear mapas y compartirlos con la comunidad, una ventaja enorme de la tienda de Steam frente a sus competidoras que no permite este tipo de sistema que añaden diversión e interactividad a los RTS.

Cuando mencioné que Tropico 6 no escondía las referencias a la política actual, no iba en broma. Desde menciones explícitas al Brexit, pasando por la crisis española, la corrupción política o la representación de los líderes de las facciones (comunistas, católicos, ecologistas, militaristas, etc.) mediante estereotipos culturales, el videojuego hace gala de un humor desenfrenado que puede no sentar demasiado bien a quienes sufren este tipo de problemática. Por poner algún ejemplo, a medida que avanzamos en el título nos llegará una petición de un inversor que si cumplimos nos otorgará dinero a nuestra cuenta secreta de Suiza. Este dinero especial nos permitirá comprar ventajas que no se pueden comprar con dinero real.

Como ocurre con la vida real, habrá momentos en los que tendremos que decidir a quién apoyamos, y será ahí donde mostraremos cuán fuerte son nuestras convicciones. Para ello, Tropico 6 hace gala de un sistema de elecciones que se van presentando a lo largo de los “años”, donde dos facciones distintas te piden realizar una labor determinada acorde a su ideología y dependiendo de cual realices te ganarás el beneplácito de uno y el odio de otro. Ese odio no creáis que no tiene consecuencias; éstas pueden ser muy gordas, suficientes para acabar la partida a la larga, así que cuidado. Como todo buen gobernante, hay quienes, hagas lo que hagas, estarán descontentos con tu labor y aquí entra en juego otro factor fundamental, el nivel de felicidad (y no, no podemos suministrar antidepresivos a nuestros ciudadanos y convertir esto en Wellington Wells, la distópica ciudad feliz de We Happy Few).

Este indicador será crucial para que nuestros queridos ciudadanos no formen grupos rebeldes, que supondrán una auténtica amenaza si la felicidad general es muy baja, pudiendo provocar atentados terroristas que, en última instancia, acaba con la destrucción de tu bonito palacio y el derrocamiento del gobierno. Para evitar que eso pase, deberemos tener controlado el porcentaje de parados, cuántas personas no tienen hogar y viven en chabolas porque no pueden costearse un apartamento, el salario, la atención sanitaria, la fe, las zonas de ocio como el circo o la taberna que permiten a los cansados currantes descansar después de una larga jornada laboral, entre otras muchas. Incluso con todas las medidas anteriores, es posible que se formen grupos rebeldes apoyados por las facciones disidentes que habremos cabreados a lo largo de los años, hecho que solucionamos mediante el elaborado sistema de construcción de edificios, en este caso, militares, cuya finalidad consiste en aumentar la seguridad nacional para aplacar dichas revueltas, descubrir a líderes de la rebelión y decidir su destino (matarlos, sobornarlos o ingresarlos en el manicomio, si lo tenemos construido).

Trópico 6

Cabe añadir que este título no hace gala de la complejidad de otros RTS del mercado, pero ello no quiere decir que no resulte abrumador al principio en especial por la cantidad de edificios disponibles para construir, cada uno con sus efectos particulares que aprenderéis sin problemas en el extenso tutorial que recomiendo encarecidamente. Al igual que otros videojuegos como Age Of Empire, deberemos ir avanzando a través de distintas edades, empezando por la colonial hasta la época actual, pasando por el periodo de Guerra Fría, donde iremos desbloqueando cada vez más edificios, cuyos planos tendremos que investigar empleando el sistema de conocimiento que generamos mediante la educación del pueblo construyendo bibliotecas o universidades.

Como podéis ver son muchos los factores a tener en cuenta en Tropico. A esto hay que sumarle el comercio que nos permite firmar acuerdos comerciales de distintas materias primas que produzcamos y venderlas a buen precio a distintos países. Tampoco hay que olvidar que podremos recibir ayuda económica de una de las dos grandes superpotencias mundiales: Estados Unidos y la Unión Soviética. Nunca hay que descuidar lo que hacen los otros países, por lo que haremos uso del sistema de inteligencia, integrado por espías, que nos permite observar en secreto a otros países, y los llamados asaltantes, conformados por piratas, comandos y hackers (según en qué época nos encontremos), con misiones especiales como captura de tesoro, salvamento o robo de maravillas que aportarán efectos muy beneficiosos para nuestro comercio.

Con todo lo que he explicado, puede asaltar una duda. ¿Cómo se gana una partida? Pues, para eso, emplearé la mejor frase de nuestro consejero Penúltimo “Ganar dinero está bien, pero ¿sabe qué es aún mejor? ¡Ganar más dinero! Corto pero contundente. Deberemos observar en todo momento nuestra tesorería nacional, porque sin dinero no seremos capaces de hacer absolutamente nada. Una vez alcanzado los números negativos, se imposibilitará la opción de construir nuevos edificios y realizar misiones o intercambios. Nuestro objetivo será entonces recortar gastos: despido de trabajadores, disminuir el presupuesto de mantenimiento de los edificios, bajada de salarios, reducir el rendimiento, etc. Todas estas opciones harán que los niveles de felicidad general disminuyan y aumenta drásticamente las probabilidades de revueltas. El cómo te enfrentes a estas situaciones depende completamente de ti. Si eres capaz de soportar la época de “vacas flacas” quizás no sea necesario recortar derechos ni militarizar el Estado que disminuiría la libertad y, por tanto, la felicidad.

Será fundamental que al empezar la partida decidas cual es el tipo de Gobierno que quieres implementar en Tropico a través de la Carta Magna, que podrás modificar a lo largo de la partida. Otra opción (no muy rentable) es la prohibición de las elecciones generales si vemos que nuestra popularidad (mostrada en un indicador) está por los suelos, lo que nos permitirá afianzarnos un poco más en el Gobierno hasta que decidan entrar a palacio y guillotinarnos como a Luis XVI o bien podamos solventar ese problema que nos impedía continuar; todo dependerá de cómo juguéis y los concienciados que estéis con las mecánicas.

Trópico 6
Las revueltas pueden acabar en batallas campales

En líneas generales y no siendo un gran admirador de los RTS, encuentro a Tropico 6 un juego que nos hará reír si nos tomamos a broma la situación política actual. Como ya he dicho, su humor puede no ser del gusto de todos (como es el caso del gobierno tailandés), pero su cercanía con la realidad nos hará aprender de una manera más rápida el funcionamiento del engranaje jugable que demuestra ser un auténtico infierno en otros títulos del mismo género. Conocerás la mayoría de los edificios, te sonarán las distintas facciones y anticiparás cuáles son sus peticiones y la inclusión de varias islas, algo novedoso en esta serie, hará volar la imaginación a la hora de crear ciudades.

Como principal lastre, debería mencionar que el rendimiento es deficiente incluso con equipos que cumplen los requisitos recomendados, algo que se solucionará mediante parches venideros que Kalypso Media y Limbic Entertainment ya se han comprometido a lanzar. A pesar del cambio de equipo desarrollador (recordemos que antes era Haemimont Games, creadores de Tzar y los anteriores Trópico), el juego pasa perfectamente por un título más de la saga, pero que a la larga echa en falta más novedades jugables, pues aporta muy poco con respecto a la anterior entrega.

Como conclusión tenemos entre nosotros un videojuego gamberro, con muchas horas de disfrute como todo buen RTS, tanto en solitario como con gente en el modo multijugador, con el que además nos echaremos unas risas mientras decidimos si queremos ser un líder benevolente o un tirano norcoreano que oprime al pueblo mientras gobierna en una dictadura militar. Tu elección, tu gobierno, tus normas. Bienvenidos a Tropico 6.