The Mooseman

The Mooseman: mitología rusa, animales y espíritus

Cuando era un niño me interesé por las mitologías clásica, egipcia y nórdica gracias a Age of Mythology. El interés no sé quedó ahí, ya que llegué a títulos como God of War que, sin mantenerse estrictamente fieles a sus bases, fueron suficiente para despertar mi curiosidad. Los videojuegos como medio artístico también tienen un papel importante en la representación de diferentes culturas, y las religiones antiguas, junto a toda la mitología que las rodea, son algo muy recurrente en estos.

En cuanto a mitologías y folclore, los pertenecientes al antiguo Egipto, Grecia, los pueblos nórdicos y Japón, son muy recurrentes y algo que hemos visto de una forma u otra en muchos sitios. Por eso es cuanto menos interesante cuando alguien se sale de ahí. Alguien, en este caso, como Mortheshka team, un pequeño equipo ruso que ha reconstruido con The Mooseman mitos que giran entorno a unos artefactos en forma de animal originarios de Perm y el oeste de Siberia.

The Mooseman es un título en dos dimensiones más cerca de un walking simulator que de un plataformas o un juego de puzles (como lo podría ser Limbo en contraparte) ya que, aún teniendo pequeños rompecabezas, lo apuesta todo en su narrativa y atmósfera. Encarnando al Mooseman, un ser humanoide que puede ver a través de distintos planos de la realidad, tendremos que atravesar las tres capas que componen el mundo: el Mundo Inferior, donde residen los muertos, el Mundo Medio donde espíritus y animales coexisten, y el Mundo Superior, reino de dioses.

En un ejercicio narrativo que a la larga llega a resultar vago, conoceremos la historia de este universo a través de puntos de control que desbloquean entradas de texto. Explicando desde cómo funcionan las materias más básicas de nuestro entorno, a la propia creación del mundo, lo que somos o incluso nuestro deber. Lo que cuenta es interesante, pero la forma de hacerlo no es la mejor, aunque esto lo consigue paliar con un apartado artístico y sonoro que ayudan mucho a la inmersión, y con una casi perfecta duración, que se consigue quedar en un punto en el que ni sabe a poco, ni se hace algo pesado.

Lo más relevante a nivel jugable es la habilidad que tenemos desde el primer momento de alternar entre realidades, pudiendo ver cómo conviven e interactúan los espíritus con el mundo que conocemos y además hacer desaparecer obstáculos. Esto da lugar a puzles muy sencillos que otorgan un poco de fluidez a nuestro avance, sin llegar a suponer ningún problema, y a secretos que dan más información sobre los artefactos zoomorfos.

Así nos lleva The Mooseman a unas tierras completamente desconocidas, con mucho respeto a la naturaleza y a un misticismo y una cultura que no acostumbramos a ver por el medio. Aún cojeando en ciertos aspectos, la experiencia que ofrece Mortheshka team se queda como poco en interesante, llegando en algunos puntos a algo más.

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