Tales of Vesperia: Definitive Edition

Tales of Vesperia: Definitive Edition y la pretensión del JRPG

Hubo un tiempo en el que Microsoft puso toda la carne en el asador para con el mercado japonés. Mas por muchos es sabido que la cuota de ventas de la familia Xbox en el país del sol naciente siempre ha sido prácticamente residual, sobre todo en detrimento al resto de plataformas más del gusto del consumidor de esos lares. En otras palabras, todos los intentos de la compañía norteamericana en pos de conquistar oriente cayeron en saco roto, si bien, como usuarios, ganamos a cambio un amplio abanico de JRPGs que sí consiguieron su merecido beneplácito entre los amantes del género.

Juegos como Lost OdysseyEternal Sonata y este Tales of Vesperia fueron esa luz en tiempos de oscuridad. Una oscuridad renqueante que al final propició la caída de todo un subgénero hacia el reino de las sombras. Por suerte, estos tiempos tan aciagos ya son agua pasada gracias a la llegada de una oleada de títulos capaces de mantener el legado de lo que fue una época dorada. Es más, algunos estudios se han atrevido a traer de vuelta clásicos imperecederos con una puesta al día.

La polémica que suscitan las remasterizaciones en aras de aumentar fácilmente el patrimonio neto de una empresa es el pan nuestro de cada día, aunque son la oportunidad perfecta para alcanzar un mayor espectro de jugadores. Tales of Vesperia: Definitive Edition se ampara en esta máxima, ganando la partida a su contraparte publicada en Xbox 360, la cual hacía gala de unos ropajes más modestos, en pos de ofrecernos una reedición basada en una versión extendida y revisada de PlayStation 3 que se publicó únicamente en Japón.

Tales of Vesperia

Una aventura que conserva el mismo encanto que el título original gracias a una propuesta que quiso desmarcarse del resto de sus congéneres para tomar otro cariz. Es posible que tópicos como salvar el mundo de un mal anidado y la predestinación sean una constante. Sin embargo, Tales of Vesperia: Definitive Edition reivindica su personalidad desde sus primeros compases, contrario a lo que uno podría esperar, para regodearse de su mundo y personajes. De hecho, casi nos exige que nos paremos a cada instante para que nos empapemos con sus ingentes conversaciones opcionales dedicadas a desarrollar una premisa que va más allá de la lucha entre las fuerzas del bien y del mal.

Tanto es así que un gobierno que aboga por la seguridad de sus fronteras y el de la clase alta en un mundo atestado de criaturas peligrosas, no tarda en convertirse en la primera pieza de un rompecabezas que tendremos que resolver a lo largo de sus más de 50 horas. Pese a todo, el juego se toma su tiempo a la hora de mostrar sus cartas, no teniendo reparos en realizar críticas sociales de manera aguda y lúcida, así como un toque de atención a la forma de ser de una autoridad que abusa de su estatus.

Tales of Vesperia

Esta declaración de intenciones también se extiende a sus personajes, que sin abandonar la caricatura más propia del anime promedio, no tienen reparos en coquetear con la humanidad y los famosos dilemas morales. La lealtad, la bondad, la rebeldía y el sacrificio no son sino una representación de cada una de las partes protagónicas que componen este periplo, facetas que antes o después se ven puestas a prueba en un ejercicio de superación y autodescubrimiento. Puede que no invente la rueda, pero hace lo posible para distanciarse del resto de entregas de la serie.

No tan alejado es su esquema de desarrollo, cuando la línea del diálogo queda relegada para así apostar por el camino de las armas. Aquí, Tales of Vesperia: Definitive Edition no hace muchos esfuerzos en parecer diferente, aunque tampoco es su intención. Por desgracia, el paso del tiempo ha hecho mella en un sistema de combate que, pese a las mejoras que trae consigo esta remasterización, no puede evitar mostrar síntomas de fatiga, propiciando que combates en los que se congregan grandes cantidades de enemigos tengan una resolución amparada en machacar botones sin ton ni son. Ni siquiera las Artes, movimientos especiales que emplearemos con una combinación de botones, logran equilibrar la balanza en unas refriegas que también se deciden a golpe de equipamiento y nivel.

Tales of Vesperia

Más satisfactoria es la vertiente menos combativa. ¿Ha salido ya a colación que esta aventura de rol bebe muchísimo de los clásicos del género? Para más señas, la introducción de un mapamundi más propio de la década de los 90 que del panorama actual, que se irá desbloqueando conforme lo vayamos recorriendo y que por sí solo es capaz de evocar tiempos pasados. Un planisferio que nos muestra la dimensión de Terca Lumireis en todo su esplendor y que, aunque limitado durante los primeros compases de la narración por motivos más que justificables, cobra a posteriori una nueva dimensión, tanto que nos obligará a exprimir al máximo todas sus regiones para cumplir con sus misiones secundarias y descubrir todos sus secretos.

Por otra parte, la inclusión de dos nuevos personajes completamente controlables, Flynn como miembro permanente del grupo, amén de la sorpresiva introducción, aunque bien recibida, de Patty a esta especie de fiesta en el segundo piso, consiguen que la experiencia sume varios enteros narrativamente hablando. Asimismo, un ligero lavado de cara que embellece un cel shading por el que apenas ha pasado el tiempo gracias a una notable dirección artística, termina conformando la que puede presumir de ser la entrega definitiva de la serie.

Tales of Vesperia

Una década de cambios generacionales que han determinado el devenir de muchas compañías separan el lanzamiento de Tales of Vesperia respecto a esta suerte de remasterización. Su recibimiento original fue harto tímido, pero eso no impidió que esta aventura de rol desarrollada por Bandai Namco siguiera estando en boca de muchos jugadores a través del tiempo. Esto es una muestra inequívoca de la grandeza que atesora, dejando la puerta abierta para la llegada de otras propuestas que con un poco de suerte estarán más predispuestas a alcanzar nuevos horizontes y no ampararse tanto en épocas pasadas.