Syberia 3

Syberia 3 y el problema de la modernización

Cuanto más pasan los años, más choca ver el retorno de algunas de esas grandes franquicias de las que disfrutamos en nuestra adolescencia. Syberia tuvo dos entregas allá por los primeros años de este milenio y, hasta ahora, se mantuvo como saga inactiva. Hay que decir que los dos primeros títulos del juego son productos muy de su época. Una en la que la aventura gráfica típica estaba estancada y sobrevivía únicamente a base de buenos guiones. Adaptar algo así a la época contemporánea es una tarea difícil, pues hay que contar con varios factores, como el coste del desarrollo a día de hoy y la evolución del medio. ¿Consigue Syberia 3 adaptarse a los tiempos modernos o se queda en un intento?

El juego nos pone en la piel de Kate Walker. Aquellos más veteranos de la saga sabrán que es la protagonista de las anteriores entregas. Tras el final de Syberia 2, el futuro de Kate era bastante incierto, hasta que fue rescatada por una tribu nómada conocida como los Yukols, que la salvan del calvario en el que se encuentra. Pero aquí no acaban los problemas de nuestra protagonista, pues las cosas no son tan sencillas.

En la tercera entrega de la saga, predomina un mensaje sobre el choque de culturas y el ecologismo. Kate Walker, procedente de Nueva York, hace de puente entre el mundo moderno —del que pretende escapar—, y la tradición tribal y lo natural del mundo. El juego no pretende ser sutil con esto, sino que lo convierte en un pilar temático de su narrativa, aunque se nota que nuestra protagonista y su aventura sigue siendo la fuerza detrás del argumento de Syberia 3.

La forma en la que este título cuenta su historia no es uno de los apartados que se hayan modernizado, pues el avance narrativo en el medio es difícil de abordar para lo que es una aventura gráfica costumbrista. Donde sí que encontramos un gran cambio es en la manera en que se juega, como cabría esperar. Por primera vez,podremos movernos por entornos 3D perfectamente modelados. Esto da lugar a una exploración más orgánica, lo cual ayuda (pese a que no mucho) a la narrativa del título. El problema subyacente de esto es que, pese a tener nuevas maneras de jugar y afrontar el género de la aventura gráfica,  eso solo se traduce en una libertad de movimiento mayor y menos delimitada por el “point & click“. Pese a poder explorar todo un juego de una manera diferente a sus predecesores, desde Microids no han sabido ir más allá y crear una narrativa que incluya estas nuevas posibilidades.

Si bien en otro tipo de juegos esto no sería un gran problema, tratándose de una aventura gráfica, que tiene como sus dos pilares el guión y los puzles, saber que uno de estos se queda en el costumbrismo de un género ya estancado es, cuanto menos, preocupante. Por otro lado, la otra faceta del juego, los acertijos, también bebe demasiado de los errores del pasado. Nos encontramos ante unas adivinanzas toscas, pero no por ello difíciles, no nos confundamos. Cuando critiqué Grim Fandango, ya hablé de cómo estos rompecabezas eran una de las grandes taras del género, allá por el año 1998. Ahora, en 2017, nos encontramos con que siguen estando planteados de la misma manera, y esto es algo hecho así de manera puramente convencional.

Desafortunadamente, para muchos diseñadores de aventuras gráficas, los puzles tienen que ser algo inherente al género, y creo que es algo en lo que se debería pasar página ya. Juegos como Kentucky Route Zero nos han mostrado que se puede hacer una aventura gráfica puramente narrativa y dejar los rompecabezas en un segundo plano. Esto permite que se pueda poner más atención en lo que se quiere contar, y Syberia 3 podría haberse beneficiado mucho de este ángulo, pues lo que quiere contar es importante. La aventura no trata solo de Kate Walker, de sus amigos y enemigos o de lo que le suceda. Benoît Sokal quiere hablarnos de cómo el mundo moderno poco a poco se va comiendo a tradiciones que, según se puede interpretar, son necesarias para el mundo en el que vivimos.

Está claro que la sociedad cosmopolita actual puede no requerir que existan tribus como los Yukols, pero para Syberia 3 quiere decirnos que pensemos más allá de nuestras casas. Que nos demos cuenta de que hay todo un planeta entero más allá de los edificios que nos rodean. Que la naturaleza no es solo un retiro vacacional. El mundo en el que vivimos necesita estas tradiciones para poder mantener el frágil equilibrio sobre el que nos posicionamos. El problema de esta dualidad se traduce en una falta de enfoque. El juego no sabe qué es lo principal a tratar, si la aventura de nuestra protagonista o su mensaje cultural. Por esto, al final ninguno de los dos temas acaba siendo tratado con la profundidad necesaria, culminando en una trama poco satisfactoria.

En definitiva, Syberia 3 es un título del montón. La transición a la época moderna del género que ha hecho puede parecer suficiente a primera vista, pero se queda en un cambio meramente tecnológico, y eso es una verdadera lástima. Por otro lado, aquellos que hayan estado siguiendo las aventuras de Kate Walker durante los últimos años se encontrarán con un título que, aunque no cumple con las expectativas, sí que marca el regreso de su protagonista. Además de eso, nos ofrecerá trama que  nos hará pensar en la sociedad moderna y cómo absorbe todo lo que tiene a su alrededor.