Path-to-Mnemosyne

Path to Mnemosyne: viaje al centro de la psique

Una estrategia arriesgada puede ser el sendero correcto para lograr notoriedad. Hacerlo posible requiere saber encajar piezas y hallar, a pesar de las complejidades y de lo intrincado del desarrollo, la senda hacia la culminación de una idea. Devilish Games ha apostado en Path to Mnemosyne con el corazón y con la sabiduría de más de veinte años de trayectoria en la industria del videojuego. El mensaje, entonces, ya augura que va a calar en lo hondo del jugador.

El título empieza en un menú de aires íntimos. La paleta de colores que predomina en el mundo de Path to Mnemosyne,construida en una de gama de tonos que van desde el blanco hasta el negro, nos da la bienvenida, así como la simbología y las sensaciones que aumentaran a medida que el juego nos dirija a su final. Entre el eco de su banda sonora, sencilla pero efectiva, y los efectos de sonido que atrapan segundo a segundo, en el siguiente clic avanzamos hacia lo abismal de su protagonista, quien espera con los ojos cerrados. Es a través de este personaje neutro, recolectora de fulgores índigos, y de un escueto tutorial, que aceptamos de lleno sumergirnos en el arrebato que es este escenario de zoom infinito.

Es una mecánica que Devilish Games ha sabido hacer brillar en escenarios rocambolescos y trazados. A falta de grandes recursos, el ingenio del equipo detrás del título ha culminado la obra entorno a una técnica imaginativa y capacitada para embelesar como es el zoom infinito. No solo fortifica la esencia misma de Path to Mnemosyne, sino que hace que destaque en el mar de títulos independientes. Aunque no del todo pulida, sí que bien lograda y, cuando menos, aplicada en todos sus engranajes. Aquí es donde la veteranía del estudio se exhibe, puesto que en su ejecución, creativa y absoluta, reside un control férreo. No sorprenden sus rompecabezas; lo hace su sólida inclusión en la mecánica principal que es, a la vez, su distintivo.

Una voz nos guiará durante el recorrido de la misteriosa protagonista, advirtiendo que nuestros sentidos deben estar activos en todo momento para que el procedimiento de avanzar, desbloqueando sellos o barreras, sea efectivo. Para ello habrá que recurrir a solucionar rompecabezas minuciosos manipulando el contexto y encontrando mecanismos que alojan fuegos azules, o recuerdos, que, a su vez, desembocarán en un estilo de puzles distintos y frescos. Las fases, por tanto, empezarán por una investigación y una resolución en el mismo escenario para hallar cada luminosidad, hasta recolectarlas todas, y abrirnos paso con ingenio. El nexo entre ellos es el uso de la lógica, la memoria, los reflejos y la comprensión espacial, aunque difieran en los retos y su ejecución.

Hasta hallar el número necesario de esos fatuos para resolver la abertura, sondearemos recorriendo, saltando y moviendo las plataformas en puntos definidos e interactuando con el misterioso emplazamiento. Explorar precisa de atención, cuidado y esmero. Es decir, cada elemento está dispuesto para entregar un mensaje, y eso será aún más notorio cuando los acertijos sean los que jueguen con nuestra mente. Debido a la simbología sobre la que se construyen las fases, fruto de estudios de psicología, del inconsciente y de una fuerte presencia de teorías como las de Sigmund Freud, la incomodidad establecerá su guarida en toda clase de figuras turbadoras. No faltan en ellas toques innegables del movimiento del surrealismo.

Además, la incorporación en Path to Mnemosyne de un magnífico apartado sonoro reverbera e intensifica la vivencia. Latidos, respiraciones agitadas y voces distantes clamarán su comparecencia en el éxodo, así como piezas musicales más cerca de la locura que de la lucidez. No es insólito, pues, que de tanto repetir caminos y rompecabezas, hasta dar con la solución, algo de esa demencia se aloje en el jugador y transforme la experiencia en fatigosa. Esto disminuirá gracias a su duración, de entre 3 y 4 horas, la cual, a efectos narrativos, es el tiempo exacto para el clímax. Si, asimismo, perseveramos, unos fuegos verdes harán las veces de coleccionables que desbloquearán un final alternativo.

No obstante, el título cautiva. El uso de la paleta de color, los trazos, los escenarios limitados e incluso los rompecabezas, nada excéntricos ni difíciles, dotan de encanto a una historia sombría y reservada. Es por ello que Path to Mnemosynepuede ser un título para un público definido y no una producción que abrazará un número grande de jugadores. Asimismo, la carga mental que supone meterse de lleno en él exigirá una atención constante y plena. Por ello es aconsejable experimentarlo en unas condiciones óptimas, porque de otro modo aquello que tiene de valioso parecerá anodino y cargante.

Aún a riesgo de ello, ergo de exigirnos por encima del entretenimiento medio, la obra culmina con una hazaña: la de narrar mucho en pequeñas dosis emotivas y transformadoras.

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