Guacamelee 2

Guacamelee! 2: a nadie le amarga un tamarindo

El primer Guacamelee! salió a la venta en medio de aquella fiebre por el metroidvania que pareció entrarle a la escena indie hace un par de años. Tras un coma bastante prolongado, consecuencia de un mainstream que había abandonado por completo las 2D y que no había encontrado o querido encontrar maneras de traducir la fórmula a las 3D, el metroidvania despertó de su letargo con una intensidad especialmente inusitada. Fruto de aquel fogonazo explosivo de juegos construidos a partir de los mismos pilares de diseño el género pareció quedar un poco agotado, y aunque la influencia de Miyazaki y la saga Souls nos han dejado últimamente una batería de juegos —Momodora,Hollow Knight o Salt & Sancuary— que han permitido al género permanecer relevante, la fiebre del metroidvania parece haberse aliviado un poco.

Por eso, la llegada de Guacamelee! 2 ahora resulta un poco extraña. Han pasado nada más y nada menos que 5 años entre la primera parte y su secuela, y desde entonces el panorama ha cambiado radicalmente. El primer Guacamelee! era un juego tradicional y formulaico, con un diseño y lenguaje visual especialmente claros, cuya intención residía más en recuperar el esqueleto y los fundamentos más tradicionales de diseño del metroidvania convencional que de revolucionar su escuela. Era, en el fondo, una carta de amor a la tradición de Metroid y Castlevania, que, en consonancia, estaba trufado de referencias y homenajes a los hitos del género, pero también al mundo de los videojuegos en general, a su cultura y al lenguaje propio que la rodea.

Pero en ese lapso de tiempo que media entre Guacamelee! y su secuela han pasado muchas cosas. Esa cultura ha cambiado radicalmente, y aunque Guacamelee! 2 es consciente de esto y trata de mantenerse al día actualizando el repertorio de referencias y chistes —en su mayoría geniales— que caracterizaba al primer juego, al final, creativa y artísticamente tiene serios problemas para desmarcarse de su predecesor.

La mejor forma de definir Guacamelee! 2 es como esa típica expansión/secuela extremadamente continuistaque sale seis meses o un año después del original, que recicla todos los elementos posibles y los organiza de una manera sensiblemente diferente con el objetivo de llevar un par de pasitos más lejos el diseño del original. El problema es que, tras un juego tan atípico y estimulante como Severed, este Guacamelee! 2 se siente como algo demasiado parecido a una retirada a un lugar más cómodo, un regreso a la zona de comfort en el que replegarse y considerar opciones.

A pesar de todo y bajo su superficie, Guacamelee! 2 y 1 son juegos bastante distintos. Otro de los asuntos que hacen que hablar de esta secuela sea complicado radica en que, a pesar de presentarse al jugador como un metroidvania, en realidad a nivel estructural y de diseño se trata de una cosa un tanto distinta. En contra de lo que se pudiera esperar, el backtracking es prácticamente inexistente y se presenta como algo completamente opcional, dirigido a jugadores completistas que quieran dedicarse a perseguir coleccionables y extras. El juego está construido de forma sorprendentemente lineal, proporcionándonos las herramientas en el momento exacto en el que las vamos a necesitar y haciendo que la exploración sea, en el mejor de los casos, un gesto ocioso. Guacamelee! 2, en realidad, se deja comparar mucho mejor con Celeste que con Symphony of the Night.

No recuerdo demasiado bien el plataformeo del primer juego, pero de lo que estoy seguro es de que el nivel de sofisticación y complejidad de los desafíos que pone delante del jugador esta segunda parte es tan superior a la del primer juego que parece otra liga de otro deporte. Esto, que sobre el papel podría sonar muy bien, termina sin embargo suponiendo un problema. Conceptualmente no tiene nada de malo hacer un Metroidvania hipersaturado mecánicamente, el problema tiene más bien con la manera que tiene Guacamelee! 2 de trasladar a la práctica esta idea. Mientras que Celeste mostraba un gusto exquisito a la hora de introducir obstáculos, elementos y mecánicas al jugador, eligiendo no solamente el momento apropiado sino cuidando incluso la relación temática y argumental con el nivel y el guión del juego, en Guacamelee! 2 todo es mucho más caótico y desordenado. Las trampas, objetos y habilidades aparecen de forma descuidada, sin relación con lo que está sucediendo en el juego, como una colección de obstáculos aleatoria cuyo único propósito es poner impedimentos al avance del jugador sin que exista una razón o justificación clara para ello. Esta forma tan deslavazada de construir la noción de reto y de estructurar los desafíos terminan haciendo que el juego se resienta, y aunque el diseño de cada pantalla aislada es siempre excelente, las transiciones entre los diferentes segmentos son tan bruscas que el desgaste a largo plazo termina siendo evidente. Guacamelee! 2lucha constantemente con sus tiempos, su ritmo y termina por resultar agotador, excesivo, abrumador.

El problema de adoptar un lenguaje abiertamente negativo conGuacamelee! 2 es que en el fondo resulta bastante injusto. Por separado los ingredientes son buenos, y por mucho que se les haya ido la mano con el picante, es innegable que es un juego hecho por gente con talento y experiencia. Por suerte, Guacamelee! 2 es también extremadamente gracioso. Su sentido del humor es sin lugar a dudas su movimiento de lucha más poderoso, y ha sido una de esas raras ocasiones en las que me he reído a carcajada limpia con un juego. Por cada sección de plataformeo o combate poco inspiradas hay un chiste o una referencias geniales, y cuando creemos estar a salvo aparece algún logro especialmente gracioso —Juan Punch Man, Disonancia Luchonarrativa— para patearnos el hueso de la risa. Aunque no todas las bromas son igual de inspiradas y hay un par de ocasiones en las que el juego se acerca peligrosamente a perder su identidad en el maremoto de referencias con que asalta al jugador, el sentido del humor es lo que permite al título de Drinkbox adoptar el carácter ligero y desenfadado que un juego así necesitaba, y es el ingrediente secreto de esta enchilada de mamporros mexicana.

Guacamelee! 2 es sin lugar a dudas un caso complicado, un juego quizá difícil de recomendar pero fácil de disfrutar, cuyos tropiezos y problemas de enfoque enturbian pero no anulan el disfrute y los aspectos positivos que uno puede extraer del juego. Guacamelee! 2 es un buen postre para este verano y como suele decirse por ahí, a nadie le amarga un dulce, de tamarindo, en este caso.

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