Draugen

Draugen y el misterio negro de los fiordos noruegos

Nacido en las entrañas de FuncomThe Longest Journey se metió en un mar lleno de tiburones y no tardó en convertirse en un clásico de las aventuras gráficas. No tanto por hacernos ser partícipes, y también víctimas, de algunos de los puzles más endiablados que ha concebido la industria, sino por su calidad y por el buen hacer de todos sus personajes. No tan inspirados, aunque sí bastante correctos, son sus secuelas: Dreamfall: The Longest Journey y Dreamfall Chapters, este último bajo el amparo de Red Thread Games, los cuales, se encargaron de dar continuidad y un final a una trilogía que abarca un sinfín de épocas.

Puesto el broche de oro a las aventuras de April Ryan, Zoë Castillo y compañía, uno esperaría que el estudio noruego apostase por una nueva iteración para con el género que nos ocupa, así que ya podéis imaginar mi sorpresa cuando dieron el salto a esto de las aventuras narrativas con Draugen. En este caso, abandonamos la ciencia ficción y la fantasía en pos de adentrarnos en una aventura más terrenal ambientada en los fiordos noruegos de los años 20.

Draugen

Nuestro protagonista, Edward Charles Haden, y su ayudante, Lissie, llegan a Graavik, un pequeño pueblo costero y de apariencia apacible, con el único propósito de encontrar a su hermana desaparecida Elizabeth Harden, apodada Betty, la cual parece estar atada a esta suerte de lugar. Sin embargo, tras recibir la invitación por parte de una familia amiga por medio de una carta, no solo descubren que no hay rastro alguno de su hermana más allá de un puñado de pertenencias, sino que ninguno de sus miembros y habitantes del pueblo están presentes.

De esta manera, Draugen nos propone una serie de misterios que deben ser resueltos. Por una parte, buscar a Betty. Y, en segundo lugar, averiguar que ha pasado en el pueblo. Si bien, como suele pasar en este tipo de historias, nuestro protagonista y su relación para con el resto de personajes no tarda en convertirse en la auténtica piedra angular del juego. Por desgracia, pese a estas buenas intenciones, los últimos compases no están a la altura del resto de la aventura. Al final, da la sensación de que no se molestan demasiado en resolver todas las dudas que el juego pone sobre la mesa. Además, resulta sumamente precipitado y casi fulgurante, dándote cuenta de que no han aprovechado su mejor baza.

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Los mal llamados walking simulator, aventuras que convierten la narrativa en su elemento jugable particular, nos ha brindado grandes exponentes como What Remains of Edith FinchGone Home o Firewatch. Este Draugen no tiene visos de que vaya a formar parte de este grupo tan selecto, pero consigue hacer méritos a la hora de ofrecernos una ambientación que nos invita a admirar la apacible belleza del lugar y que está conformada por decenas de cabañas, refugios o chozas de pescadores, e incluso una iglesia. Y aunque el juego mantiene una linealidad dominante en pos de que la historia siga su curso, el pequeño pueblo noruego puede recorrerse con aparente libertad nada más desembarcar de la barca y poner los pies en tierra firme. Mas las pocas horas que puede llevarnos completar esta aventura nos incitan a que saboreemos cada paso que damos.

Tal es así que la gracia del juego no reside tanto en los misterios que hay en torno a la desaparición de la hermana de Edward y el hecho de que el pueblo esté desierto, sino en la forma de ser de sus protagonistas, pues sus personalidades no podían ser más distintas la una de la otra. Sí, los conflictos son inevitables, pero también los une un sentido de la camaradería insondable. Por un lado, tenemos a Edward, la voz de la razón y la sensatez, aunque su afán persecutorio para con su hermana no lo exime de sufrir algún que otro traspié por el camino. Asimismo, sus aires de persona taciturna y un tanto huraña crean un personaje que juega entre distintos tonos de gris.

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Lissie, en cambio, es lo más parecido a un alma libre. Puestos a realizar ciertos paralelismos, compartiría ciertas semejanzas con Elizabeth de Bioshock Infinite, pues siempre busca un momento para darnos conversación o bien para investigar cada rincón del escenario con el fin de exteriorizar sus pensamientos. Sabe cómo ganarse el cariño del jugador con el mero hecho de hacernos compañía, algo que choca en cierta manera con la aparente soledad que impregna a la inmensa mayoría de los walking simulator, ya que, por lo general, nos vemos atados a escuchar los fueros internos del protagonista y sus constantes monólogos. Es este aspecto en concreto el que hace que Draugen no se convierta en una aventura narrativa del montón.

Quizá el fuerte de Red Thread Games no sea el de ofrecernos los finales más satisfactorios, pero sí el de una sensación de viaje y descubrimiento constante. Consciente de las reglas y limitaciones que entraña el género de las aventuras narrativas interactivas, Draugen abandona toda pretensión jugable para ampararse en la química que derrocha la dupla protagónica y una ambientación que, aunque de apariencia idílica, exuda tragedia y misterio a partes iguales.

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