Doom, Doom II, Doom 3

DOOM, DOOM II, DOOM 3 y el diario de un Marine anónimo

Voy a ir al infierno por esto, pero mentiría si dijese que no disfruto cuando visto mis mejores galas con el fin de aplastar cráneos a diestro y siniestro. Lejos de querer llegar a un malentendido que pueda generar consecuencias un tanto devastadoras, ¿no sentís a veces como arde vuestro corazón cuando calzáis una escopeta de doble cañón y sois salpicados por chorros de sangre y vísceras reventadas? Porque ese fue mi primer pensamiento desde el momento en el que, equipado con una simple pistola, cosí a disparos al primer demonio que me encontré. Así fue como comenzó una historia de violencia sin fin.

Puede que hayan pasado 27 años desde mi primera incursión en este descenso a la locura, pero mi mente nunca ha estado tan clara como aquel entonces. Esa sensación de disfrutar con cada disparo, de sentir en todo momento que eres invencible tal y como tu superhéroe favorito, de explorar escenarios laberínticos en busca de unas llaves que me permitieran acceder a una salida… Siempre he sido un culo inquieto, así que nunca me ha importado abarcar grandes distancias si eso conllevaba, a la larga, patear unos cuantos traseros.

DOOM, DOOM II, DOOM 3

Y vaya si lo hacía. Era tal el arsenal de armas que iba encontrando sobre la marcha que podía gestar auténticas obras de arte a la hora de acabar con mis enemigos. El peso de cada bala infringía una reacción más allá de luces y colores. El sonido resultante al impactar y como esos horrendos demonios se retorcían de dolor no puede describirse con palabras. Eran tantas las consecuencias que generaban mis acciones que a veces me apetecía llevar a cabo encuentros más directos. ¿Por qué no golpear con los puños manchados de sangre para así hacer un molde de acuerdo a mi propósito y voluntad? No me llaman el hombre de los puños artísticos en vano.

Sí, fueron buenos tiempos para este marine. Tanto es así que esa suerte de infierno espacial ambientado en una de las lunas de Marte me hizo ser consciente de lo mucho que disfrutaba matando por placer. Sin embargo, necesitaba más para saciar mi apetito. Aunque intensa, aquella experiencia pasada fue efímera y eso me llevó a estar atento ante cualquier oferta de trabajo. Afortunadamente, mi alma empezó a arder de nuevo cuando confirmaron que había otra misión en ciernes. Una misión a prueba de fuego, de infierno, que tenía todas las papeletas para hacerme sentir más puro que toda esa chusma tan vulgar en forma de shooters. De hecho, solo bastó esperar un año para que me dieran una excusa para vaciar baterías de cargadores enteros.

Sin embargo, ¿por qué tuve la sensación de haber vivido esto antes? Sí, sentía que era más rápido, más perfecto y brutal a todos los niveles. A pesar de ello, ¿qué motivos tenía yo para quejarme? ¿Sabéis qué? ¡Al diablo con esto! Pagaría otra vez por volver a empezar y así lo hice. ¿Enemigos más duros e impredecibles? Venid con todo lo que tengáis, aunque vuestras posibilidades sean nulas. ¿Escenarios excesivamente enrevesados donde perderse a las primeras de cambio? Soy el demonio de la concentración y la orientación. No soy yo quién está atrapado entre estas cuatro paredes, ¡sois vosotros los que estáis a mi merced!

DOOM, DOOM II, DOOM 3

Estaba en la cúspide de mi carrera, pero por alguna razón, la competencia comenzó a florecer. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, y aunque nunca he simpatizado con estos pensamientos, tal vez aquí tuvieran un poco de razón. Porque desde el momento en el que otros héroes con nombre comenzaron a protagonizar sus propias historias, yo quedé relegado a un segundo plano. Diez años de espera me llevaron a tomar otro pensamiento: si la oportunidad no te llama, construye una puerta que te lleve directo al infierno.

Mi iniciativa bastó para que los de arriba no hicieran oídos sordos y prepararan mi siguiente incursión en territorio enemigo. Sí, estaba emocionado con esa nueva oferta de trabajo, pero por alguna razón, tenía mala espina con los primeros detalles que me dieron. A veces, las apariencias, aunque provistas de las mejores texturas, son propensas a engañarnos. ¿Por qué querían privarme del desenfreno y brutalidad habitual en pasadas batallas? Nunca pedí que me quitaran eso. Disfruto con las emociones fuertes, sí, pero en mis tiempos jamás se les habrían ocurrido armarme con una linterna para guiarme en la oscuridad.

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Cierto, matar demonios y demás criaturas del averno seguía siendo satisfactorio, pero quizá habría estado bien un poco más de intensidad en medio de este caos. Por otra parte, la experiencia fue mucho más extendida y duradera, y tampoco me importó que me dieran un contexto con pelos y señales para patear traseros. Además, desde que era un mozo, he disfrutado con las películas de terror, así que agradecí algún que otro sobresalto durante mi periplo. Si bien, se tratan de ingredientes que pueden funcionar muy bien por separado, pero juntos no han tenido la misma efectividad.

Al final, mi impresión al acabar la misión fue tan agridulce que opté por hacer borrón y cuenta nueva. Esperé una oportunidad para hacerme a las armas. Una oportunidad en la que la sangre volviera a correr por mis venas y que, por suerte, se me presentó con los brazos abiertos hará unos pocos años. Así fue como sentí vida de nuevo en mí. Volví al infierno para desatar mi frenetismo y brutalidad a golpe de bala. Mas como todo final que se precie, el viaje tampoco terminó ahí. No estoy triste, sino llorando de alegría con la nueva misión que se me ha encomendado. Hasta entonces, rememoraré mis batallas las veces que hagan falta para estar en plena forma. Porque el infierno es eterno, como yo.