Crossing Souls

Crossing Souls y el fanservice

No quiero cabrear a nadie, pero creo que el Dark Souls que más he disfrutado ha sido el segundo. Antes de que alcéis vuestras antorchas contra mi, permitidme explicarme. El primer título de la saga es el que considero, sin ninguna duda, el mejor de los tres, pero el jugarlo con un grupo de amigos detrás de la oreja diciéndome tras cada paso lo que tenía que tenía que hacer y a dónde me debería dirigir lastraron esa sensación de descubrimiento y exploración. No estaba descubriendo nada, solo siguiendo indicaciones. Cuando me dispuse a probar el segundo, me dije a mi mismo que lo haría solo y sin ayuda. La verdad es que, a pesar de notarse la ausencia de Miyazaki, las sensaciones que transmitía el primero seguían ahí, y siendo yo el que descubría cada rincón de Drangleic me llenaba de orgullo y satisfacción.

Pero a donde quiero llegar con todo esto es a Dark Souls III. Este también lo jugué sin un guía a mi lado, aunque eso no evitase que terminase el título enfadado. Dark Souls III era el más pulido y más satisfactorio a nivel de game feel, pero pecaba en exceso de algo que me estropeó la experiencia: el fanservice.

Crossing Souls

El mayor debate en torno a Crossing Souls es la discusión sobre la cantidad ingente de referencias que tiene. Desde el principio del título, este no para de bombardearte con guiños a mil y un iconos de la cultura pop de los últimos 30 años. Aunque se desarrolla durante la década de los 80s, podemos encontrarnos con alusiones a obras más recientes como El Castillo AmbulanteBreaking Bad o incluso The Big Bang Theory para que nadie se quede sin pillar al menos una referencia. En el momento que te encuentras con algo conocido cada 5 minutos, te preguntas si realmente eso está puesto ahí para que el jugador tenga una chuchería que buscar para mantenerse ocupado. Ese exceso de referencias hace plantearme el propósito de las mismas, e incluso me ha llevado a la conclusión de que no están ahí para contentar a nadie.

Todos esos guiños son producto del amor, amor a todas y cada una de las obras a  las que el Crossing Souls, con la cabeza bien alta, rinde homenaje. Y aunque la inclusión en cantidades ingentes de estas pueda molestar a mucha gente, yo soy incapaz de decir algo malo de algo que tan evidentemente ha sido puesto ahí con el corazón.

Desde el primer momento se nota que Crossing Souls es fruto de la pasión y la admiración de sus creadores. Esto está presente en cada pixel y en cada animación, y no hace más que transmitir la sensación de que es una obra hecha con sumo cuidado y mucho cariño. Lo que necesitan las grandes creaciones para triunfar.

Crossing Souls

Pero, desgraciadamente, no solo de amor se vive. Crossing Souls tiene un grandísima cantidad de problemas. Como base tenemos un sistema de combate beat em up que peca de exceso de simplicidad, combinado con la inclusión de una barra de energía que, de algún modo, pretende añadir un escalón de dificultad. Esta no solo no alcanza su propósito, sino que tampoco consigue verse natural ni útil para nada ni nadie.

Crossing Souls

Mecánicamente no brilla en ningún momento. Pensar en el plataformeo hace que se me pasen por la cabeza flashbacks de Vietnam, y los momentos en los que el título intenta convertirse en un RPG fallan estrepitosamente haciéndonos ir del punto A al punto B y luego al C, y así sucesivamente hasta que se acaba esa parte de la trama.

Cuando Crossing Souls intenta ser variado tampoco llega a nada. Al final de casi cada capítulo mete una fase distinta al resto del juego, ya sea una persecución en bicicleta o conducir un DeLorean para viajar en el tiempo pero, o bien resultan aburridas o acabando siendo un machacabotones insoportable.

Su guión, que aparentemente quiere emular la historia de un grupo de chavales que con el poder de la amistad superan cualquier obstáculo y salvan el mundo (tomando nota de obras como Los Goonies o Super 8), alterna lo que viene siendo el planteamiento ligero que se espera de una creación como esta con momentos realmente trágicos, aunque estos últimos no lleguen a casar en ningún momento con la tónica general del relato.

Crossing Souls

Crossing Souls está plagado de errores. Normalmente en un análisis de una obra así acabaría destripándola despiadadamente ¿Pero sabéis qué? He disfrutado de este juego. El título se deja hacer sin crispar al jugador y consigue que pase un buen rato. Y, de nuevo, se nota la pasión de sus creadores en cada momento, lo cual logra hacerme valorar esta obra. Estamos ante un título mediocre, sí, pero no pidáis más. Crossing Souls solo quiere entretenerte. y lo consigue.