Blizzard

Blizzard, su boicot, Hong Kong y el poder de China

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Gabriel Celaya.

Vivimos en una sociedad -pun intended- en la que Todd Phillips, director de “Joker”, personaje icónico de DC que, al parecer, vive en otra, declara que los paralelismos con nuestra realidad y luchas candentes son ajenos a su producto. Ubisoft y Activision, de la misma manera, defienden que un Watch Dogs post-Brexit y el último Call of Duty son apolíticos. Ficciones, obras que, de alguna manera, en todo su proceso de desarrollo y concepción, se generan sin influencias, sin ser reflejo del contexto en el que avanzamos y nuestra propia historia. Como si el arte en cualquier forma de expresión naciera en una burbuja de cristal pristina y los parecidos fueran meras casualidades.

No me compete a mí explayarme en las razones, pero es fácil vislumbrar un origen en ese miedo a posicionarse en intereses económicos y empresariales. Sin embargo, las acciones de Blizzard en el Grandmasters de Hearthstone en Hong Kong demuestran que sí, que la industria del videojuego, ya no solo una obra concreta; sus integrantes, no viven en una cúpula separada de otros sectores. Lo personal es político

Hay que entender una serie de factores aquí. Hong Kong, tras la Primera Guerra del Opio (1842), pasó a ser una colonia de Gran Bretaña, obteniendo en 1898 un arrendamiento del territorio durante los siguientes 99 años. Tras su renuncia al expirar, pasó a ser lo que se conoce como la Región Administrativa Especial de Hong Kong de la República Popular China. Semi-autónoma, con control sobre sus impuestos, comercio y política migratoria. Esta transferencia de soberanía, firmada el 1 de julio de 1997, ampara a Hong Kong hasta el año 2047.

Junio de 2019 marca el inicio de las protestas contra el proyecto de ley de extradición del gobierno de Carrie Lam. Dicha propuesta, de salir adelante, permitiría que criminales condenados fueran extraditados a China continental y Taiwan. Ante esta posibilidad, la población de Hong Kong comienza a movilizarse por miedo a estar expuestos al sistema legal de la República Popular de China, estado unipartidista gobernado por el Partido Comunista de China, y que entre 2014 y 2015 tuvo una tasa de 99.9% de acusados que acabaron con condenas en las cortes de China.

Credit: Getty Images – Getty

Lo que comenzó como una protesta por esta ley, ha evolucionado en una lucha por los derechos humanos de sus ciudadanos y un sistema más democrático, avivada por una actuación policial abusiva ante lo que eran movimientos pacíficos. Bolas de goma, gas pimienta y lacrimógeno, arrestos, un herido de bala. Una serie de acciones que detonaron a parte del colectivo, ocasionando disturbios en la ciudad -con el asalto al Parlamento de Hong Kong siendo el evento más violento-. Para la llegada del final de septiembre, ya eran 16 las semanas en el contador de estas protestas. Carrie Lam, Jefa Ejecutiva, anunciaba primero la suspensión y, posteriormente, la retirada de la propuesta, sin querer aceptar otras demandas que, como mencionaba, reclaman los ciudadanos.

Entre los protestantes se encuentran periodistas, abogados, activistas y empresarios que temen al aumento de la influencia del Partido Comunista de China (con la sombra del final de su situación de autogobierno acechando en el futuro). Además, se muestran críticos con la poca presencia democrática del pueblo a la hora de elegir a su gobernante. Este proceso se realiza mediante un comité de unas 1200 personas en el que predomina un sector pro-Běijīng; razón por la que una de las exigencias es la dimisión de Carrie Lam.

Desde Běijīng han respondido con amenazas, prohibición de máscaras, censura (Google ha baneado 210 canales de Youtube) y, como nota curiosa y reminiscencias de la Umbrella Revolution, se han visto paraguas en las manifestaciones. Con origen en septiembre 2014, nacieron sentadas pacíficas hasta diciembre de ese mismo año, reclamando la elección del gobernante de Hong Kong mediante sufragio universal.

Credit: Reuters

Volvamos a los videojuegos.

Durante el torneo de Hearthstone Grandmasters, organizado por Blizzard Taiwan a inicios de octubre, Chung “blitzchung” Ng Wai, con una máscara similar a las empleadas por los protestantes, se posicionaba a favor del pueblo de Hong Kong durante una entrevista, defendiéndola como la revolución de su era. Blizzard Taiwán borraría dicha entrevista, expulsando al jugador del torneo, retirando sus ganancias y vetándolo del juego competitivo durante 12 meses. Este suceso, tras el paso de Chung y declaraciones que afirma, ‘sentía necesarias’, ha causado una serie de reacciones de magnitud considerable dentro de la industria que nos ocupa.

Nace el #Blizzardboycott y aparecen dos de los mantras o valores de los que hace gala la compañía, tapados en una estatua de orco que se encuentra en el campus de Blizzard. Estos valores corresponden a “Piensa Globalmente” y “Toda Voz Importa”, señal de que no todos sus trabajadores están conformes con las acciones contra Blitzchung. Tim Sweeney, fundador y CEO de Epic Games, se moja en Twitter y a través de The Verge, afirmando que no penalizará a los jugadores de Fortnite por su discurso político. Brian Kiblerreconocido dentro de la escena deHearthStone, decide no hacer de caster en el torneo Grandmasters. Por otro lado, Riot Games junto con su responsable de comunicación, Ryan Rigney, desmienten que estén vetando emplear el nombre de Hong Kong Attitude en retransmisiones (a raíz de que unos comentaristas comenzaron a emplear sus siglas). Esta última polémica tiene extra de sal pues Riot Games es propiedad de Tencent, multinacional China que es considerada la Disney de los videojuegos en cuanto a ingresos y poder.

Estas y otras reacciones se están recopilando de manera meticulosa en Reddit. Entre las mencionadas, destaca la inclusión de Mei, personaje de Overwatch, como icono en la lucha que mantienen los activistas, junto a protestas de los trabajadores de Blizzard ante el poder que ostenta China sobre la compañía y, como queda demostrado, sus valores.

La nota más importante quizá, la ha puesto el que fuera Jefe de Desarrollo de World of Warcraft, así como productor de títulos como Diablo II y StarcraftMark Kern arroja luz en Twitter a través de un extenso hilo sobre la posición de China en la industria de videojuegos. Las declaraciones, como poco, son inquietantes y en TecnoSlave resumiremos los puntos principales (tomadlos a medio camino entre citas, interpretación y traducción no literal):

  • Mark Kern abandona hasta nuevo aviso World of Warcraft Classic, siendo él uno de los responsables de que llegara a buen puerto, salvo que Blizzard rectifique.
  • En sus años en el sector, y habiendo realizado acuerdos con China, ha observado cómo se convertía a base de inversiones, en la fuerza dominante del videojuego y cine. La falta de fe de otras potencias de la talla de Estados Unidos o Europa en esta industria, ha provocado que China y el mercado asiático tengan una influencia sin precedentes en estos sectores.
  • A base de subsidios (terrenos gratis, oficinas, inyecciones económicas), las empresas de videojuegos chinas han crecido a pasos de gigante y adquirido derechos sobre empresas americanas.
  • Mark Kern declara por primera vez haber sido despedido de una empresa por rechazar un soborno de 2 millones de dólares que provenían de una inversión de China. Tiene constancia de representantes de compañías americanas recibiendo este tipo de sobornos para la adquisición de licencias de títulos triple A.
  • Es común el empleo de ese dinero para controlar a la prensa. En su caso, ha visto como su carrera ha sido atacada para devaluarla mediante invenciones.
  • Critica o siente que Estados Unidos y Europa sean reacias a asumir los riesgos que supone invertir en esta industria y sus estudios de manera legal, dejando a China en una posición de ventaja y atractiva de cara a la supervivencia de estudios de pequeño y medio tamaño, aumentando su influencia.
  • Este poder ha desembocado en que se estén censurando voces que luchan por la libertad y la democracia. Mark afirma que Blizzard, por sus valores asociados, era la última compañía de la que esperaba este movimiento contra sus propios fans y jugadores.
  • Se declara a favor de los activistas de Hong Kong, en contra de este “miedo transparente” que Blizzard ha manifestado con respecto a China, y se negará a aceptar para su empresa pagos de Epic Games, al estar Tencent en el ajo.

Conforme cerraba estas líneas (02.29), Blizzard ha publicado unas declaraciones en relación con la polémica tratada. Reducen las prohibiciones de juego tanto a Chung como a los casters de 12 meses a 6, devuelven el dinero ganado en premios y J Allen Brack, presidente de la empresa, afirma que las acciones de los días pasados no derivan de sus tratos con China. Aprovechando que me fui a dormir, borraron dicho comunicado que, gracias a la magia de no cerrar las pestañas al salir del navegador, conservaba para realizar capturas.

Es el cyberpunk, amigo.