art of rally Postgame

art of rally y el arte del derrape

La tercera entrega de la saga Fast and Furious es ciertamente particular dentro de su universo. Para empezar, estamos hablando de un spin-off pero que, al mismo tiempo, es una entrega numerada de la serie. Los personajes son distintos, las localizaciones son distintas y, básicamente, el único hilo conductor entre esta película y el resto es un pequeño cameo. Lo que hace que esta cinta sea la tercera entrega de la saga Fast and Furious es lo que había definido hasta ese momento a la franquicia cinematográfica protagonizada por Vin Diesel, las carreras de coches ilegales. A partir de la cuarta, esto empieza a cambiar y la saga empieza su mutación hacia el cine de acción puro que se consagrará en Fast 5, pero en esta tercera entrega todavía se respiraba ese culto por el mundo underground de las carreras a lo Need For Speed. Como todo buen spin-off, esta película viene con un subtítulo que contextualiza un poco más sobre su contenido. En este caso se compone de dos palabras: Tokyo Drift. Si las diseccionamos obtenemos algo de información. La primera de ellas es Tokyo, nos habla de la localización en la que se desarrolla la cinta. La segunda palabra es Drift, aquí es donde quería llegar.

Por lo que se caracteriza esta entrega es por rehuir el concepto de carrera que había estado llevando la saga. Hasta este momento las carreras en Fast and Furious eran competiciones de velocidad en línea recta en las que sacar partido a la potencia del motor y el uso de óxido nitroso para generar un turbo y hacer que tu coche fuera más rápido que el otro, sin embargo, en Tokyo Drift la cosa cambia: ahora no vale con ir más rápido que el oponente, hay que dominar el derrape para poder girar por las estrechas callejuelas de la capital nipona. La técnica del drifting forma parte integral de la película. El protagonista, llegado de los Estados Unidos, tiene que aprender a dominarla para poder competir en condiciones contra sus oponentes. Llegado a cierto punto y después de mucho practicar consigue ejecutar la maniobra en la que probablemente sea la escena más famosa de la película: en una persecución logra hacer su primer derrape en el famoso cruce de Shibuya mientras la multitud se aparta mostrando al mismo tiempo incredulidad y admiración. La acción se ralentiza y vemos como el derrape perfecto es ejecutado a cámara lenta para que podamos apreciar la grandeza de la parábola. art of rally es un título en el que tenemos que reproducir esa escena todo el rato.

art of rally post game

Desde el primer minuto en el que comienzas a jugar a lo nuevo de funselektor ya notas que se avecina toda una experiencia. Después de introducir nuestros datos nos encontraremos frente al Dios del Rally. Este nos contará la historia de esta ucronía en la que los motores de rally de clase b (prohibidos por la alta mortalidad de los pilotos que los usaban) nunca fueron vedados de las competiciones.  La reverencia y la admiración con la que el título trata al rally hace que todo se vea desde una perspectiva diferente. Aquí el rally tiene un carácter idealista y está rodeado de un aire de misticismo que envuelve a la obra y crea una visión casi fantástica de este deporte que comenzó porque un islandés loco llegaba tarde a una fiesta en una sauna y decidió tomar un atajo cruzando con su coche por en medio del bosque.

Después de esta pequeña introducción, la música comienza a sonar y nos mete de lleno en la acción. Por fin estamos a los mandos de nuestro vehículo. Se controla bien, pero en poco tiempo se advierte que aquí hacer un giro brusco es complicado. Conducimos un poco más y nos damos cuenta de que el trazado de la pista está lleno de curvas que precisan de giros bruscos. Es aquí donde realmente está el alma de la obra y, como el protagonista de Tokio Drift, tendremos que aprender a dominar el derrape. El giro es el corazón alrededor del que se ha construido art of rally. El diseño de cada uno de los tramos no solo está plagado de curvas, sino que incluso las rectas también forman parte de esta danza entre el coche y la carretera y son las partes en las que nos posicionamos para afrontar lo que viene tras la siguiente esquina.

Y es que jugar a art of rally es placentero, pero hacerlo bien es un trance. El flow es eso que ocurre cuando la realidad del juego y la del jugador se unen y el resto del mundo deja de existir. En este caso, entrar en el flow es relativamente sencillo y especialmente satisfactorio. Experimentar el estado en el que de repente tomas bien todas las curvas, tu coche responde justo como tú quieres y consigues dibujar una parábola perfecta sobre el asfalto es una de las cosas que más me ha dado placer estos últimos meses. Son pocos los videojuegos que son capaces de hacer que proyectes todos tus sentidos en ello con tanta facilidad, pero en los que puedo recordar he encontrado un patrón común: suelen ser títulos en cierta medida desafiantes y que tienen la banda sonora como puerta de entrada a este estado mental. Los dos primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza son Tetris y Guitar Hero. Elegid cualquiera de esos juegos e imaginad cómo es entrar en el flow en ellos, ahora imaginad eso mismo sin música. Raro ¿Verdad?

La música tiene un poder muy grande a la hora de manipular nuestras emociones y llevarnos hacia donde quiere. En este caso no solo nos mete en situación, sino que su synthwave que, sin ser parecido, nos hace recordar inevitablemente a Initial D, aunque sea por la asociación obvia entre coches y música electrónica noventera, es uno de los aspectos que sirven para ponernos a punto y activarnos. Todas las canciones son parecidas, pero no hay dos iguales. Esto hace que mantengamos el modo pero que podamos llegar a distinguir las notas de ciertas canciones y que las asociemos a momentos que hemos vivido jugando. Mi canción especial es esta. Es la que sonaba durante mi primera carrera, que conseguí terminar primero, y ahora siempre que suena a mitad de una etapa sé que no puedo perder.

A nivel visual el título también tiene bastante que decir. De un primer vistazo es fácil que salte la comparación con Lonely Mountains: Downhill, uno de los juegos más destacados del año pasado. Aunque sí es cierto que la crítica ha comparado a ambos y se ha llegado a la conclusión de que art of rally es a los coches lo que Lonely Mountains es a las bicis, y si bien ambos muestran una gran pasión y respeto por el deporte que intentan representar, creo que las similitudes no pasan de lo estético. En el título de ciclismo cada montaña tenía su propio ambiente, su propio color. En art of rally es exactamente igual. Los circuitos nos llevarán por distintas partes del mundo y es fácil asociar Italia con el amarillo, Japón con el rosa, Alemania con el verde, Islandia con el blanco y Finlandia con el morado.

Al igual que con los colores, también se puede relacionar a cada uno de estos países con una superficie. El gamefeel varía según sobre qué estemos corriendo y por eso, aunque en cada localización haya un poco de todo, siempre va a haber asociaciones obvias entre un circuito y el tipo de pista sobre el que correremos. Si el circuito de Japón destaca por algo es por sus largos tramos de asfalto, el de Islandia lo hace por su paisaje y su superficie cubierta de nieve y a Alemania sobresale por encima de todos ellos siendo la representación del infierno en la tierra. Esto hace que cada país que visitemos no sea un escaparate visual, cada uno tiene un trazado distinto y habrá que mentalizarse para competir de una manera u otro a la hora de, por ejemplo, tomar una curva de 180 grados, ya que el timing y la velocidad que deberemos llevar para salir airosos no solo dependerá de nuestro coche, sino también del terreno sobre el que estemos conduciendo.

art of rally

Hablando de los coches, algo que me gusta de este título es cómo los trata. No soy ningún experto ni en motores ni en marcas, para mí un coche es solo un vehículo de cuatro ruedas que sirve para desplazarte más rápido que si vas andando, pero no he podido evitar adquirir cierto interés sobre ellos al jugar a art of rally. Una de las cosas que agradezco es que en el menú de selección las estadísticas del coche son secundarias, o incluso inexistentes. Sí, te dice el tipo de motor de cada coche, pero si eres un profano en esto del automovilismo como yo, eso no te dirá mucho. Lo que te hace decantarte por uno u otro es la pequeña historia que le acompaña. Automóviles que fueron concebidos por medio de la experimentación descontrolada, triciclos que usaron niños para competir aprovechando vacíos legales o vehículos creados casi sin querer durante una noche de borrachera en el taller… Son esos los detalles que el título quiere resaltar, no eliges el coche por lo que puede hacer, sino por lo que significa.

art of rally desprende amor y pasión por todos sus costados, cuida muy bien lo que quiere representar y trabaja una sensación de juego más que excelente. Aprender a tomar una curva no es fácil. Es mucho tiempo de práctica hasta llegar a dominarlo. Pero cuando finalmente consigues hacer el giro perfecto el tiempo se congela y te das cuenta de que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Pero no es momento de pararse, ahí viene otra curva.

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